lunes, 13 de febrero de 2017

La recaída de Pablo Ráez, quien hizo viral su leucemia: "No pido a Dios que me salve"

Ya le llaman el “Steve Jobs de las donaciones” por el 'efecto llamada' que tienen sus mensajes en internet. Desde que Pablo Ráez inició su particular lucha contra la leucemia, se ha convertido en un fenómeno de masas con una repercusión sin precedentes: Málaga y Andalucía han pasado de 300 donaciones mensuales a alcanzar las 2.000 en la actualidad. El joven marbellí de 20 años se ha convertido en el líder de una gran campaña por la donación de médula, consiguiendo día a día con sus llamamientos en las redes sociales que el número de donantes creciera un 1.000%. Esta semana, Pablo ha sufrido una recaída de esas “que rompen las ganas de todo”. Aun así, continúa con su lucha y está a punto de recibir la medalla de oro de la ciudad de Marbella.
Su tesón le imprime un sello de esperanza y de ganas de vivir. No en vano, su estado no ha cambiado en su perfil de WhatsApp: "Siempre intentando mejorar. Cada día, cada instante". En uno de los pocos ratos que la enfermedad le da un respiro, dedica unos minutos para hablar con El Confidencial: “Sigo con quimio, pero la cosa no pinta bien. Si sigo así, tendrán que hacerme un nuevo trasplante. Estoy centrado en la poca energía que tengo para superar esta etapa que está resultando difícil. Hay días como hoy que quiero tirar la toalla. Ni yo mismo sé cómo estoy. Atravieso una fase que requiere de espera". En las analíticas actuales, estudian un dato que se llama quimerismo, que mide el porcentaje de células que hay suyas (buenas o malas) y del donante. El resultado de esta prueba confirma que hay más células de Pablo que del donante, en torno a un 80% y un 20% respectivamente, y a estas alturas del trasplante debería ser como mínimo al revés.
El gran fenómeno viral
La repercusión de su mensaje en redes sociales fue un verdadero 'boom'. Es consciente de que se trata de un fenómeno viral y que su nombre es uno de los más buscados en Google estos días. La gente se pregunta por qué Pablo desde el mes de enero no escribe nada. El joven, como él mismo cuenta, está pasando un “periodo de los más duros" que recuerda, tras sufrir el rechazo del trasplante de médula al que se sometió en noviembre. Él mismo nos explica que el proceso se conoce como "enfermedad de injerto contra huésped". Y escribirlo en su página de Facebook es una catarsis que se lo hace todo más fácil. "Un buen día empecé a contarlo todo, porque no tenía nada que ocultar. En los perfiles de las redes se cuenta tu día a día, y la leucemia forma parte de mi vida. Esa es la realidad".



Desde que empezó con esta tarea, sus mensajes han hecho el milagro de multiplicar las donaciones. “Estoy muy orgulloso. Ha habido campañas estatales que han tenido menos repercusión. La gente ha decidido acompañarme y seguirme, y se lo agradezco a todos”. En su voz a través del teléfono hay dibujada una sonrisa, y el dolor y la felicidad se mezclan en una sola cuestión: “Es que la vida está llena de sorpresas. La leucemia me está enseñando más de lo que me ha quitado. Lo que me hace funcionar cada día es saber que formo parte de la vida. Por eso la sonrío y la abrazo”. ¿Qué le puede enseñar una enfermedad así? “A valorar cada minuto”, responde sin titubear. "Ha despertado en mí grandes dosis de solidaridad. Cada revés, cada retroceso en la enfermedad, me hace más fuerte en lugar de rendirme”.
Estudiar 'coaching'
La recaída de Pablo —que está de vuelta en el hospital— obligó a cancelar la celebración de una conferencia conducida por el presidente de la Fundación contra la Leucemia en Marbella, Sergio Scariolo. “Cuando termine todo esto, quiero seguir estudiando". El joven estudiaba para ser técnico superior en Animación en Actividades Físicas y Deportivas (Tafad), aunque su experiencia hospitalaria le ha hecho cambiar de opinión. "Terminaré estudiando 'coaching' para ayudar a los demás. Y luego en mi tiempo libre querré viajar. Porque ahora estoy sujeto a vivir cerca del hospital. Por no hablarte del cansancio”, afirma.
Lo cierto es que en su nuevo oficio de 'coaching' ya ha labrado frases que son engullidas por muchos: "Disfrutemos cada día porque es único, de verdad". "Empiezo a valorar las cosas de una manera increíble y la vida sabe mejor de este modo". Si algo está aprendiendo Pablo tras esta etapa, es a relativizar. “Cuando veo cómo se enfada la gente por cosas sin importancia o les ves resentidos por nimiedades, no lo comprendo".
"Nunca le he pedido a Dios que me salve"
Pablo dice que no le pone el nombre de Dios a nada. Don Pepe, el párroco de Marbella, es una persona importante en su vida: “Recibí el bautismo, la comunión y la confirmación. Él fue mi padrino de bautismo y hoy somos íntimos amigos. El día del trasplante tenía mucho miedo y Pepe vino a verme. Me pasé una hora entera llorando y después de eso ya sabía que me iba a curar. El apoyo siempre se agradece". Sobre la fe, tiene su propio criterio: “Yo creo en mí. En mi fuerza, y en la fuerza de la vida. Es complejo de explicar y no quiero ofender, pero en mis momentos malos me centro solo en ver el lado positivo. Nunca le he pedido a Dios que me salve”.

Ahora disfruta de la vida como puede y como le dejan. “Aunque si te soy sincero, no me preocupo mucho de leer lo que ocurre, ni sigo las andanzas de Trump. Intento cuidarme y llevarme lo mejor que puedo conmigo. Estar tranquilo en casa ya es un regalo. He pasado mucho tiempo hospitalizado, con dolor... cuando sales de esa espiral, todo es una maravilla. Mi novia, mis padres, mis paseos, el cine... En definitiva, la vida, ¡eso sí que es un regalo!”.


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